Hacer una aproximación al cristianismo que muestre su carácter de maldad implica un acercamiento a las contradicciones propias de esta doctrina religiosa que se considera a sí misma como portadora del bien y del paradigma de la eticidad en ser humano. El cristianismo constantemente se presenta como una guía moral indiscutible y depositaria de un legado sagrado que está “destinado a imponerse” según afirman los líderes religiosos de este culto. Pero realmente es esto así? No demustra acaso su propia historia lo capaces de maldad que pueden llegar a ser los seres humanos cuando se autoproclaman los portadores de la verdad y de la salvación de sus semejantes?
El presente artículo busca mostrar algunas de las contradicciones importantes del cristianismo y que lo señalan, como doctrina histórica, de ser un agente de maldad sumamente poderoso.
Recientemente el líder de los católicos, Benedicto XVI, afirmó que era necesaria una educación fundada en los valores cristianos, pues según él el secularismo estaba destruyendo la sociedad. Hoy quiero hacer ver, al menos en parte, que el cristianismo no está ajeno a convertirse (de hecho ya lo es) en un paradigma de anti-cultura sumamente lesivo para el ser humano.
Para hacer una aproximación al cristianismo que no corra el peligro de ser catalogada como ingenua, existe la profunda necesidad de afirmar de manera categórica la maldad exacerbada que lleva a cabo esta forma de religiosidad de carácter irracional.
Una postura crítica no debe olvidar que no solo se puede señalar lo malo, si no también lo creativo y prodigioso. Al mismo tiempo el ser crítico implica ir más allá de todo emocionalismo y de todo ataque personal que destaque un sesgo ideologico o de cualquier otro tipo.
Para decir que el Cristianismo es la religión del mal habría que mirar primero los mitos cristianos acerca de lo que es el mal y de donde proviene. Solo desde una aproximación Cristiana al mal se podrá decir si el Cristianismo es la religión del mal en el sentido del mal expuesto por esta doctrina.
En el Apocalipsis vemos una figura atrayente en los ángeles que son siempre los portadores de lo que Dios quiere decir y están siempre cercanos a Él. Antes de que exístiera cualquier cosa existían los ángeles como emisarios de Dios y cohabitantes del paraíso, conocedores de la ciencia y bienaventurados en el amor de Dios. Por sí sola esta fígura, la de los ángeles, ya va aportándonos un sentido de lo que podemos tener por bueno. Estar junto a Dios, honrarle y conocerle.
La maldad solo surge en un personaje que se torna siniestro para la misma audiencia cristiana y para el mundo entero. Luzbel. En angel de la luz que quiere volverse igual a Dios, tener su mismo poder y ser el amo del Universo. Aquí ya vemos una imágen del mal: la arrogancia. Cobra sentido cuando desubica a su autor del tiempo presente: Es decir el arrogante es sacado de su Universo tal cual es para vivir en un mundo de deseos iincumplidos que esperan ser saciados en un determinado momento. El arrogante está por fuera del tiempo, ya que aún no ha cumplido su deseo. Estar en el lugar de Dios, el primer lugar y ordenar desde allí a la manera de Dios.
La figura del mal en sí se ve como un trastorno del orden establecido y del tiempo, inmediatamente entra en oposición con aquello que desea y empieza a corromperlo. El mito de Luzbel ejemplifica muy bien este carácter y revela el tipo de comprensión que se alcanzó en los tiempos biblícos acerca de la condición del mal como algo ajeno a aquello que por naturaleza debe ser.
Aquí, al decir, que el Cristianismo es la religión no intentaremos decir que sea la portadora de un poder maligno sobrenatural, si no que señalaremos como se asemeja la religión cristiana a esta fígura mítica de Satanás, de la cual necesita para imponer la idea de la necesidad de obedecer para no condenarse. El Cristianismo parte de la base de que el mal solo puede ser explicado en función de la libertad de aceptar el Universo y sus reglas o de no aceptarlas. En este punto estaremos de acuerdo, pero sí admitimos el pérdon como regla frente al mal, estaríamos justificandolo, ya que el mal, así como el bien, no encuentra fundamento en la razón si no en el deseo.
El perdón generalizado es la legitimación del mal, por cuanto implica la resignación a su dominio, de manera implicíta se está aceptando la complicidad con aquellos que usurpan el derecho de la felicidad y la paz de todos. Los tiranos son un perfecto ejemplo de esto. La necesidad histórica que manifiesta la Iglesia Católica del perdón para aquellos que asesinan, roban y cometen ultrajes es un contrasentido con su deseo de paz. La paz no es posible si no tomamos una postura de condena y aislamiento frente a aquellos que de manera irracional reinciden en su orgullo. El reincidir muestra ya el rechazo de todo perdón, pues cuanto es una negación a la comprensión del mundo y de la otroriedad.
La negación de la necesidad de una comprensión por parte del hombre y su cambio, por parte del cristianismo por un Salvador es un atentado contra la responsabilidad propia que debe asumir cada ser humano de comprender la realidad y las limitaciones de su actuar. Aquél que espera un Salvador que lo redima de sus comportamientos es un peligro para la sociedad en la cual habita y no debe ser considerado como un interlocutor digno de ser escuchado en cuanto no es capaz de hacerse cargo de sí mismo como un ciudadano adulto.
En este sentido los sacerdotes pedófilos, reincidentes, son producto de este tipo de creencias. Esperan torpemente y a la vez de forma maliciosa un Salvador que los libere de su responsabilidad de escoger entre el bien y el mal, y que los eduque en el bien sin hacerles ver su mal.
El apego al poder que ha desmostrado el cristianismo es en sí otra forma de la fígura de Satán, en cuanto ejemplo mítico de la maldad. Niega en sí la religión, cualquier otro tipo de autoridad que no sea ella, entronizandose como un “dios”. Los dioses griegos tal vez estarían celosos de este tipo de poder que les permitiría convivir con la filosofía y entronizarse como autoridad moral. El reclamo de poder por parte del cristianismo es maldad pura en sí, en cuanto niega la libertad del hombre y lo somete a estructuras esclavizantes que lo ciegan ante la búesqueda de la verdad y del propio bien. Si solo la religión puede decir cúal es el bien y la verdad del hombre, este ya no puede buscarlo puede buscarles por fuera de esta y se encontrará condenado a la ceguera en el mejor de los casos, a la anjgustía y la deseperación en otros por no poder la manera sobresaliente en que está hecho el Universo sin Dios y de todo lo grande, noble, virtuoso y excelso que puede encontrarse por fuera de la lógica de opresión cristiana.
La negación de la crítica de la que es capaz el cristianismo al entronizarse como Verdad única solo es comparable con las más terribles dictaduras que ha sufrido la humanidad. De esta forma la Iglesia y las confesiones cristianas, todas, ocupan de forma excelente la fígura de Anticristos, si entedemos esta idea literaria como algo opuesto a la verdad y al bien. No es esto una mera debilidad humana, excusa siempre a la mano de los líderes cristianos que cuando no son capaces de rebatir la crítica se limitan a “pedir disculpas”. Es este anhelo de poder un sincero proyecto político que confiesan abiertamente hoy las confesiones cristianas, negandole por ejemplo a los homosexuales el derecho a expresar libremente su sexualidad y condenándola de una forma que podemos calificar de “racista”. Cuando se ataca de esta forma a seres humanos solo se puede pensar en un deseo recalcitrante de negar toda posibilidad de diálogo y expresión sincera de mutua comprensión, un deseo autenticamente cristiano. Ellos no quieren lograr un consenso para la paz ni entendimiento de ningún tipo, sencillamente quieren evangelizar.
La religión del mal, el cristianismo, muestra su capacidad de crear una identidad falsa, creyendo que el ser humano se definde desde la religión y para la religión, encasillándolo así en categorías que no le son propias al nacer tales como: católico, adventista, protestante, testigo de Jehová, Mormón y otras. Estas categorías niegan la multidimensionalidad del hombre y representan un obstáculo para la plena realización del ser humano en cuanto lo encierran dentro de un programa ideológico, cerrándole así las puertas a la potencialidad creadora de su propia naturaleza. No es extraño que se haya condenado a Galileo, a Darwin y hoy a quienes realizan investigaciones científicas con células madre, por considerarlas “inmorales”, cuando podrían traer grandes beneficios y aplicaciones para la salud humana.
La religión del mal, nuevamente ha sido capaz de distorsionar la información de nuestro mundo, certificando o censurando todo aquello que no se presenta como conveniente para sus aspiraciones de dominio político. Se censura por ejemplo al feminismo por su participación en la pólítica y consideran de tajo ciertas actividades como “indignas” para la mujer, creyendo defender la dignidad de la mujer el Cristianismo la socava nuevamente condenándola a la sunisión y ensalzando su dependencia hacia el hombre.
Si Dios existe todo esta permitido. “Matadlos a todos, en el nombre de Dios, que el papa a brindado indulgencia por todos vuestros pecados pasados y futuros” Indulgencia del Siglo I. UrbaNo II. Está consigna de un Papa debe servir como parte de una memoria histórica que nos impida aceptar una doctrina con tantas contradicciones y que es abiertamente inhumana.